El Pino Marro 2005
Fieles a nuestra tradición, de nuevo este año 2005 el pino Marro se izó en las Erías. Pero empecemos por el principio. El día de 2 de agosto, como estaba programado, tuvo lugar por la mañana en los soportales del ayuntamiento la entrega del “bastón de alcalde y la bandera” a los moz@s. El acto comenzó con unas palabras de Iñaki, el alcalde potestativo que posteriormente cedió poderes de forma transitoria al alcalde de los mozos para que éste se encargara de encauzar la celebración en paz y armonía. El mozo tomó nota y por lo visto a lo largo de la celebración, cumplió. Se repartieron camisetas y pañuelos a “la mozada” que por segundo año consecutivo se ofrecieron a colaborar. Sin ellos, la fiesta no sería tal. Por ello, les animamos a que sigan siendo protagonistas al tiempo que responsables con todo lo que el pino marro representa.
Como no podía ser de otra manera, todos en este momento nos acordamos de Jesús Ventanas (hijo). Así, a iniciativa de los moz@s nos encaminamos al cementerio a rendirle un pequeño homenaje. Sobre su tumba se depositaron una camiseta del pino marro 2005 junto con unas ramas de pino anudadas con el pañuelo de mozo. Guardamos unos minutos de silencio en su memoria y regresamos al pueblo.
De nuevo en el pueblo, nos dirigimos al Molino pues un sol de justicia nos alentaba de forma inexorable a saciar la sed. Y que mejor forma de hacerlo que con el vino de nuestra tierra.
La tarde se presentaba aún más calurosa que la mañana y el pino nos aguardaba. A los sones de Mariquelo (el mejor tamborilero y pitero del campo charro) emitidos por los altavoces del ayuntamiento nos despertamos de la siesta. La hora de la cita en el pinar había llegado. Y así, anhelantes e ilusionados, con la emoción que sentimos quienes de verdad queremos a esta tradición, acudimos presurosos a cumplir con ella.
Ya en el pinar, Gildo tomó la motosierra y empezó la tarea de la corta. El pino marro 2005 rugió en su caída hasta impactar con la holliza del pinar. Tras desramarlo y clavar la cuña de la soga, todo estaba preparado para el arrastre.
Sacar el pino del pinar, cuesta arriba y soportando treinta y cinco grados a la sombra en pleno mes de agosto requiere echarle muchos... y se los echamos. Las manos luchando por asir un trozo de cuerda, hombro con hombro, lentamente, el palo fue saliendo hasta la carretera. En el llano y sobre el asfalto, el pino fue dejando parte de su corteza. Al tiempo que el sudor y la sed se iban reflejando en los rostros de los moz@s y demás esforzados hijos del pueblo. Al son del tamboril y la flauta, los brazos se estiraban y las manos se aferraban a la soga. De esta guisa el palo llegó hasta la boca del pozo de “Las Erías”. Allí, tumbado al pie del hoyo, comenzó el segundo acto de la representación.
El pino este año no recibió muchos halagos y a los críticos no les faltó razón: “mazacote”, “retorcío”, “feúcho”, “torcío” y en verdad que algún adjetivo descalificativo más no estaría de sobra.
Poner el pino es emocionante y arriesgado, sufrido y congratulante, esforzado y gratificante. Es un reto de ingredientes encontrados sazonado del sabor añejo que da la tradición. Es una empresa colectiva en tiempos de un individualismo egoísta y egocéntrico. Por eso, por lo que representa y simboliza, por los valores que encierra, tenemos que esforzarnos por mantenerlo.
El pino marro no quiso pasar la noche de pie, tal vez no le gustaron los insultos recibidos y quedó tumbado sobre las tijeras, bajo la luna. A regañadientes, aplazamos terminar de levantarlo al día siguiente, no nos quedó otro remedio. Un poco de carne y vino y a la cama a reponer fuerzas.
Desayunar con “ensalada de limones” fue una buena manera de empezar el día siguiente. Hacía falta energía y de la buena para llevar a buen término la empresa inacabada del día anterior. Así, por la tarde y con la rabia contenida de no haber puesto el pino el día antes, reemprendimos la tarea. Aún tuvimos algunos problemas con las cuerdas y “unas tijeras”, que fueron solventados con imaginación y con destreza trepadora por parte de Agustín. Resuelto estos incidentes, al pino sólo había que darle cuatro empujones para ponerlo de punta al cielo. Y dicho y hecho. El pino Marro 2005 pasó las noches en “Las Erías” bajo la luna plateada ondeando su bandera hasta el día que fuimos a tirarlo.
Asociados a esta celebración e ingredientes de la misma fueron también las competiciones de: barra, rayuela y rana. Los ganadores se llevaron un jamón y nos dejaron la promesa de querer llevárselo también el año que viene. Se lo pondremos más difícil para que así no sea.
También las migas, el café y el aguardiente tuvieron éxito un año más, a pesar del calor supimos dar buena cuenta de ello.
El día de San Cayetano, los mozos sacaron al santo de la iglesia. Aunque muchos de ellos no se habían acostado, supieron estar a la altura de las circunstancias. Todavía se están preguntando: ¿por qué no les dejaron jurar la bandera delante del santo? (¿será fruto de algún tipo de integrismo religioso? No lo quiera Dios). Esperemos que el año que viene no se repita tal ingratitud con la juventud del pueblo o las misas del patrón van a contar cada vez con menos gente.
El lunes 8 de agosto, último día de fiestas en honor a nuestro patrono San Cayetano, tiramos el pino. Como siempre la chiquillería salió rauda y veloz en busca de la bandera del pino. Hay cosas que no cambian con el paso del tiempo.
En la Vega, cuando el sol empezaba a acariciar los lomos de la sierra, “se corrió el marro”. Mozos de un lado y casados de otro hicieron muestra de su fuerza y destreza por llevar al contrincante a su terreno. Allí, se bailó también la bandera del pino marro por jóvenes, mayores y niños. La bandera que lanzada de mano en mano representa un testigo que va pasando de unos a otros, de una generación a otra. Que a todos une y agrupa como pueblo, pues como pueblo ante el pino marro somos uno.
Ya falta menos para el pino marro 2006.
¡¡¡¡ Marro !!!!!
Asociación Cultural El Pino Marro.
Autor: Juan Carlos García Delgado
