sábado, 24 de diciembre de 2005

FUEGO

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Los extremos de la noche se filtran con la Luna
y sus pupilas infinitas observan mis lluvias y límites
mientras bloques de niebla ardiente me aplastan
sobre suelos áridos y muertas nevadas de ceniza.

El duende de los sueños se asfixia entre las sombras
cuando las hadas infantiles huyen de mis manos
hacia dedos asesinos y lenguas de fuego
que se vierten sobre las firmas del tiempo
destruyendo los misterios de la vida,
de la paz,
de los recuerdos.
Y no bastan saliva y lágrimas
no basta el amor ni el deseo
para penetrar las raíces sangrientas
de cadáveres de pesadilla y vientos de agonía
cuando todo se ha convertido en polvo helado
como bocas sin dientes, sin sonrisas
o la brisa se desgaja entre huecos gigantes
sin poder susurrar ya canciones rumorosas
sino gritos de odio y angustia
incapaces de amar por ausencias de alma
y carencias de hermosura y de delicias.

Escrito tras el incendio del 91
Descargamaría a 21 de agosto de 1991
Mª Narcisa Martín Ventanas

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