Romancero Popular ExtremeñoII

Delgadina
Es posiblemente el romance de mayor difusión tanto en Extremadura, como en todo el territorio peninsular. En el Romancero tradicional extremeño tenemos casi una docena de versiones recogidas en Alcuéscar, Sierra de Gata, Plasencia, Torrejoncillo, San Vicente de Alcántara, Villanueva de la Serena y Casas de Millán. Se incluye en el grupo de “familia rota” y nos muestra un espinoso asunto, las relaciones incestuosas de un padre que pretende yacer con su hija, ampliamente tratado en el folklore universal, no sólo en romances y baladas, sino también en cuentos populares como Piel de asno.
Este era un rey con tres hijas
más hermosas que la plata;
a la más rechiquetita
Delgadina le llamaban.
Estando un día merendando
su padre el rey la miraba
¿Qué me mira usted, mi padre,
qué me mira usted la cara?
Que antes de salir el sol
has de ser mi enamorada.
No lo quiera el Dios del cielo
ni la reina soberana,
del padre que me engendró
sea yo la enamorada -.
Mandó a los cuatro criados,
los que trajo de Granada,
que la lleven a matar,
la encierren en una sala,
y si pide de comer
le den sardinas saladas,
y si pide de beber
le den zugo de retama.
Ya se va la Delgadina,
ya se va la desgraciada;
con lágrimas de sus ojos
toda la sala regaba.
Al cabo de ocho días
s´ha asomado a una baranda
y ha visto sus hermanitos
jugando un juego de cañas.
Mi hermano, por ser mi hermano,
que me des un sed de agua,
que no la pido por vicio,
que a Dios le entrego mi alma,
que se me seca la boca
y el aliento se me acaba.
Yo te la diera, alma mía,
yo te la diera, mi hermana,
pero si padre lo sabe
la cabeza nos cortara -.
Ya se va la Delgadina,
ya se va la desgraciada;
con lágrimas de sus ojos
toda la sala regaba.
Al cabo de ocho días
s´ha asomado a otra baranda
y ha visto a sus hermanitas
haciendo medias caladas.
Mi hermana, por ser mi hermana,
que me des un sed de agua,
que no la pido por vicio,
que a Dios le entrego mi alma,
que se me seca la boca
y el aliento se me acaba.
Yo te la diera, alma mía,
yo te la diera, mi hermana,
pero si padre lo sabe
la cabeza nos cortara -.
Ya se va la Delgadina,
ya se va la desgraciada;
con lágrimas de sus ojos
toda la sala regaba.
Al cabo de ocho días
s´ha asomado a otra baranda
y ha visto a su madrecita
alisándose las canas.
Mi madre, por ser mi madre,
que me des un sed de agua,
que no la pido por vicio,
que a Dios le entrego mi alma,
que se me seca la boca,
y el aliento se me acaba.
Yo te la diera, hija mía,
yo te la diera, mi alma,
mas si tu padre lo sabe
la cabeza me cortara -.
Ya se va la Delgadina,
ya se va la desgraciada;
con lágrimas de sus ojos
toda la sala regaba.
Al cabo de ocho días
s´ha asomado a otra baranda
y ha visto al rey su padre
sentado en sillón de plata.
Mi padre, por ser mi padre,
que me des un sed de agua,
que no la pido por vicio,
que a Dios le entrego mi alma,
que se me seca la boca,
y el aliento se me acaba.
Yo te la diera, hija mía,
yo te la diera, mi alma,
pero he hecho juramento
sobre la cruz de mi espada
de no darte de beber
a no ser mi enamorada -.
Ya murió la Delgadina,
ya murió la desgraciada,
las campanas de la Gloria
por Delgadina doblaban;
las campanas del Infierno
por su padre repicaban.
más hermosas que la plata;
a la más rechiquetita
Delgadina le llamaban.
Estando un día merendando
su padre el rey la miraba
¿Qué me mira usted, mi padre,
qué me mira usted la cara?
Que antes de salir el sol
has de ser mi enamorada.
No lo quiera el Dios del cielo
ni la reina soberana,
del padre que me engendró
sea yo la enamorada -.
Mandó a los cuatro criados,
los que trajo de Granada,
que la lleven a matar,
la encierren en una sala,
y si pide de comer
le den sardinas saladas,
y si pide de beber
le den zugo de retama.
Ya se va la Delgadina,
ya se va la desgraciada;
con lágrimas de sus ojos
toda la sala regaba.
Al cabo de ocho días
s´ha asomado a una baranda
y ha visto sus hermanitos
jugando un juego de cañas.
Mi hermano, por ser mi hermano,
que me des un sed de agua,
que no la pido por vicio,
que a Dios le entrego mi alma,
que se me seca la boca
y el aliento se me acaba.
Yo te la diera, alma mía,
yo te la diera, mi hermana,
pero si padre lo sabe
la cabeza nos cortara -.
Ya se va la Delgadina,
ya se va la desgraciada;
con lágrimas de sus ojos
toda la sala regaba.
Al cabo de ocho días
s´ha asomado a otra baranda
y ha visto a sus hermanitas
haciendo medias caladas.
Mi hermana, por ser mi hermana,
que me des un sed de agua,
que no la pido por vicio,
que a Dios le entrego mi alma,
que se me seca la boca
y el aliento se me acaba.
Yo te la diera, alma mía,
yo te la diera, mi hermana,
pero si padre lo sabe
la cabeza nos cortara -.
Ya se va la Delgadina,
ya se va la desgraciada;
con lágrimas de sus ojos
toda la sala regaba.
Al cabo de ocho días
s´ha asomado a otra baranda
y ha visto a su madrecita
alisándose las canas.
Mi madre, por ser mi madre,
que me des un sed de agua,
que no la pido por vicio,
que a Dios le entrego mi alma,
que se me seca la boca,
y el aliento se me acaba.
Yo te la diera, hija mía,
yo te la diera, mi alma,
mas si tu padre lo sabe
la cabeza me cortara -.
Ya se va la Delgadina,
ya se va la desgraciada;
con lágrimas de sus ojos
toda la sala regaba.
Al cabo de ocho días
s´ha asomado a otra baranda
y ha visto al rey su padre
sentado en sillón de plata.
Mi padre, por ser mi padre,
que me des un sed de agua,
que no la pido por vicio,
que a Dios le entrego mi alma,
que se me seca la boca,
y el aliento se me acaba.
Yo te la diera, hija mía,
yo te la diera, mi alma,
pero he hecho juramento
sobre la cruz de mi espada
de no darte de beber
a no ser mi enamorada -.
Ya murió la Delgadina,
ya murió la desgraciada,
las campanas de la Gloria
por Delgadina doblaban;
las campanas del Infierno
por su padre repicaban.
