Siempre volverás al lugar donde fuiste feliz

Quizá sea por los mismos motivos de siempre por los que todos los veranos los he pasado en el pueblo desde mi más tierna infancia, con el matiz de que siendo niño iba porque me llevaban mis padres y ahora voy libremente. Como digo, las razones que me llevan hasta allí sin embargo siguen siendo las mismas: la familia, los amigos, el entorno, las fiestas, la apacibilidad y algunas otras que quizá habría que obtener de mi código genético. Los motivos de ir por tanto no son distintos a los del resto de la gente que sigo viendo en las mismas fechas por allí. Iguales o parecidos a los de cualquier persona que elige ir a su pueblo en Jaén, Badajoz o Ávila.
También están los que eligen ir de vacaciones a sitios con los que no tienen más vinculación que el contrato de alquiler del apartamento de la playa. Pero como no pertenezco a este grupo de veraneantes, no sé realmente cuáles son los motivos que los impulsan a sus destinos de vacaciones. Y tampoco me gustaría ser superficial y limitarme a decir que van a broncearse por el día en la playa y por la noche a la discoteca del hotel.
Simplemente son dos alternativas, entre otras muchas, de descansar a pierna suelta y disfrutar del merecido mes de vacaciones. Imagino que cuando se acaban y tenemos que regresar a los lugares donde trabajamos se tiene la misma sensación de fastidio, independientemente de donde hayas estado.
Sin embargo entre estas dos opciones igual de respetables de pasar el tiempo vacacional, hay calificativos que las excluyen y definen por su contexto: anonimato-identidad, desarraigo-vinculación, olvido-memoria.
Inexorablemente si vas a un lugar al que no has ido nunca, nadie de dicho lugar te conocerá a no ser que seas un personaje público. También pasarás desapercibido donde en verano se mueven miles de personas, serás totalmente anónimo para el resto de la gente y viceversa el resto de la gente lo será para ti. Puede que disfrutes de tu anonimato y sea eso lo que persigues, no encontrarte con nadie conocido que te importune. Por el contrario, si cada año vas al mismo lugar de vacaciones y éste se limita a un pueblo de pocos habitantes, no pasarás desapercibido para nadie y nadie te será desconocido. Serás identificado nada más poner los pies en el lugar y a cada paso irás saludando a las personas, por lo que tú presencia o ausencia será tenida en cuenta todos los veranos.
Al igual que las personas que te rodean, el paisaje, el entorno, también serán determinantes de tu elección. Uno será un paisaje cambiante, una postal de verano diferente cada año. El otro será estático, en el que apreciarás el paso del tiempo y sus huellas. Fotos con el mismo fondo en las que apareceremos más viejos ante el imperecedero paisaje que nos rodea. En uno no encontrarás nada con que identificarte y te llevará el próximo verano a otros lugares donde tu imagen se superpondrá al paisaje. En el otro, con el paso de los años serás absorbido por el paisaje y pasarás a formar parte de él.
Si no sientes la necesidad de volver al mismo lugar y ver a las mismas personas, con el tiempo conseguirás olvidar a ambos. A veces, olvidar se hace necesario para poder vivir, no seriamos capaces de existir si continuamente nos asaltasen recuerdos nostálgicos del pasado. Así, nuestra memoria es selectiva y se retroalimenta de recuerdos gratos y felices. Guarda retazos de la infancia y la juventud, de nuestras vidas, que afloran con todo tipo de detalles de aquellos momentos en que fuimos felices. A veces, en pueblos pequeños como el nuestro, departiendo con nuestros amigos de la infancia, hacemos ejercicios de memoria colectiva (¿te acuerdas cuando de pequeños...?). Por el contrario, allí donde no puedes practicar esa mirada retrospectiva al pasado junto con los que te rodean, la franja entre el pasado y el presente se irá ensanchando cediendo espacio al olvido que todo lo llena.
Plantearnos cuál de estas dos alternativas es mejor o peor, más acertada o errónea nos no llevará a ningún sitio porque en sí es un ejercicio de principios. En el que quizás tu voluntad no sea totalmente autónoma y su fin único se concrete en querer ser feliz allí donde estés, allí donde fuiste feliz.
Autor: Juan Carlos García Delgado
