viernes, 10 de noviembre de 2006

La guitarra y el himno de Riego

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E n la vida de todas las personas siempre hay alguien de quien guardas un recuerdo especial. Siempre tendré en mi memoria a mi abuelo Constancio. Y desde que murió hace ya algunos años, en muchas ocasiones me he acordado de sus sabios consejos ante situaciones por las que todos pasamos en la vida.
Hasta el último momento de su existencia fue consciente de sus actos y ya próxima su muerte en el hospital, dijo a sus hijas que él quería morir en su casa, y así fue como murió.
Constancio Delgado había nacido en 1899 en Descargamaría y presumía ya en pleno siglo XX de haber conocido dos siglos, razón no le faltaba y ganas de conocer el tercero según nos decía tampoco.  Fue esa vitalidad el eje de su existencia y el optimismo el prisma con que contempló la vida. Una vida desde su nacimiento marcada por la dureza de los tiempos que le tocaron en "suerte" vivir. Empezando porque le faltó su padre siendo un niño, viéndose sólo con su madre a la que él siempre tendría en boca toda su vida. Yo le conocí ya mayor pero como digo con la mente despejada y lúcida y haciendo gala de una memoria excelente.
Apenas fue a la escuela en su infancia y aprendió a leer y escribir siendo mayor, al igual que a manejarse más que bien con los números. Fue un autodidacta con un afán insaciable de querer saber, leía todo lo que caía en sus manos.  Recuerdo que estaba suscrito en los años setenta a tres publicaciones: Readerdigest, Cambio-16 y Mundo Obrero. La política fue otra de sus pasiones, vivió la transición con entusiasmo afiliado al partido comunista y sintiendo una gran admiración hacia el rey, paradojas de la vida. Jamás le oí hablar con resentimiento hacia nadie las veces que me contó su paso por la cárcel de Carabanchel y me consta que perdonó a quien le pedió perdón.
Le gustaba madrugar y pegar la oreja a una radio de lámparas que tenía en la cocina. Aún recuerdo los pitidos estridentes que emitía mientras recorría el dial intentando sintonizar las emisoras. Durante la dictadura su preferida había sido "Radio Pirenaica" y  en más de una ocasión le habían querido quitar la radio según  me contó. Hasta el último momento de su vida le gustó estar informado de todo cuanto acontecía en el país.
Hay un recuerdo que guardo con especial cariño, cuando tocaba la guitarra. Lo hacía casi siempre al mediodía, en el salón que había sido antes bar y en soledad. Aquella guitarra le había acompañado casi toda su vida. La había comprado en Madrid, en una  tienda de construcción de guitarras y bandurrias a cargo de los hermanos "José Ramírez" en abril de 1931. No muy lejos de allí, en la plaza del Sol, se acababa de proclamar la II República.  En una ocasión, siendo yo aún niño, mientras le oía absorto como otras muchas veces tocar la guitarra, me miró y me preguntó: "¿a que no sabes cómo se llama esta guitarra? Perplejo de que la guitarra tuviera nombre, le contesté que no lo sabía. Me miró de nuevo y me dijo, se llama: ¡Republicana!". Y se arrancó con los acordes del "himno de Riego".  La música había sido su gran pasión, tenía una gran colección de discos de pizarra y un megáfono que el tiempo había enmudecido y llegó a tocar el acordeón, la bandurria y la guitarra, por supuesto.  Quiso que aprendiéramos a tocar y nos regaló a cada nieto una guitarra a la que ninguno de nosotros consiguió nunca arrancar un arpegio.
Una noche de verano en la terraza de la casa del pueblo, a la que le gustaba subir después de la cena a tomar el fresco y a contemplar el cielo más límpido y estrellado que se puede ver, me dijo: "qué rápido pasa la vida, te lo digo yo que he vivido mucho". En otoñó cuando la vida se apaga lentamente murió en su casa de Descargamaría rodeado de los suyos como había sido su deseo.


Autor: Juan Carlos García Delgado

Comentarios

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Autor: Visitante
Fecha: jueves, 23 de noviembre de 2006
Hora: 11:45

Me llaman equivocado porque pido libertad, los que me llaman no saben ni de Justicia ni de Paz. Llaman Justicia al más fuerte, al más débil llaman Paz, libertad al poderoso para mandar y ordenar. Estoy seguro que casi nadie te llamará CARLITOS. Un ABRAZO.
Autor: Visitante
Fecha: viernes, 24 de noviembre de 2006
Hora: 12:01

No, ya con 42 años nadie me llama Carlitos, excepto mi abuela Laureana y algún familiar próximo. Reconozco esta poesía, la escribio mi abuelo Constancio, al que he dedicado este artículo.
Autor: Visitante
Fecha: miércoles, 29 de noviembre de 2006
Hora: 16:57

Como dices sólo un familiar te llamaría Carlitos, diminutivo que nos aplicaron a todos hasta bien entrado en años. .Con la guitarra que nos regaló el abuelo, juega mi hijo. Espero vernos algun día. Besos de tu primo Fernando Saucedo DelgadoNavidadNavidad:
Autor: Visitante
Fecha: sábado, 02 de diciembre de 2006
Hora: 11:19

Supuse que eras tú, pués siempre me has llamado cariñosamente Carlitos. Es una buena idea que tu hijo juegue con la guitarra que te regaló el abuelo. Estaría muy bien que alguien continuase con la tradición. Espero que nos veamos pronto. Besos para todos.
Autor: Visitante
Fecha: lunes, 09 de julio de 2007
Hora: 2:15

siempre supe que teniamos cosas comunes,aprendi a tocar un poco la guitarra,discuti de politica con el y tio carmelo,en los dias de lluvia bajo los valcones de la plaza filosofando( kant,franc nieche,h hesse,ortega y gasset y la existencia de dios ect (t)