viernes, 29 de diciembre de 2006

mi Annus Horribilis

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Atrás queda 2006, imagino que para muchos de vosotros habrá sido un año fabuloso o sin llegar a tanto un buen año, para mi ha sido horrible. Es sin duda el peor año vivido en mis cuarenta y dos años de existencia. El motivo de por qué ha sido tan lamentable se debe a que no hay nada peor que perder a quien se quiere y eso me ha pasado por partida doble en este año que acabamos de dejar.
El día 10 de mayo murió mi tío Lino de un infarto en Coria y el 30 de Noviembre, después de una larga enfermedad murió mi tío Alfonso en Gijón. Dos formas de morir distintas, una fulminante como un rayo y otra lenta como el cirio que se consume al calor de la llama. Una muerte inesperada y otra anunciada de antemano pero igual de dolorosas para nuestra familia.
Después de la muerte sólo nos queda el recuerdo de las personas que se fueron, mientras las recordemos seguirán estando presentes en nuestras vidas y de alguna manera vivirán con nosotros. Sólo cuando ya nadie nos recuerde habremos muerto definitivamente, final al que todos estamos abocados. El recuerdo por tanto está asociado al tiempo y cuanto más tiempo pase más débil es ese recuerdo que a veces se nos vuelve doloroso cuando más cerca está de la muerte.
Cada cual guardará un recuerdo particular, fruto de las vivencias que compartió con ellos: sus hijos e hijas, sus esposas, sus hermanos, sus sobrinos, sus amigos tendrán diferentes referencias. Así, el recuerdo que yo guardo de mis tíos es por tanto desde una perspectiva personal y familiar, en el que se amalgaman los recuerdos más pretéritos y presentes en un todo que perdurará mientras viva. Será como el celuloide de una película desde mi infancia en casa de mis abuelos en el que aparecen en comidas familiares en san Cayetano o en Navidad hasta los últimos vinos que tomé con ellos en la Vega o en el Molino. Será una cinta de más alegrías que lágrimas porque afortunadamente compartimos más momentos buenos que malos, más risas que llantos. De más encuentros que desencuentros, de más abrazos que desaires, de más celebraciones que fracasos. Y esa imagen en color de la vida de todos esos momentos que compartimos la guardaré en mi "disco duro" y siempre estará ahí sobre el negro fondo de la muerte.
Y enmarcando las imágenes de vendimias, cumpleaños, fiestas y celebraciones aparecerá nuestro pueblo, marco en el que se encuadra cada uno de los fotogramas. Punto de unión y nexo de nuestras vidas, partida y fin de nuestro periplo vital, tierra y ceniza, pues de ella venimos y a ella regresaremos siempre. En ese sentimiento de retorno al lugar de nuestras raíces que nos acompaña desde el nacimiento a la muerte se resume el amor a nuestra tierra. Lino y Alfonsín disfrutaron de su pueblo, de su familia y de sus amigos y nosotros de sus personas. Retornaron a la tierra que los vio nacer, a la tierra que quisieron y amaron.
Descansen en paz.


Juan Carlos García Delgado

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