lunes, 10 de septiembre de 2007
“La abundancia de precipitaciones (incluso superiores a los mil milímetros anuales) determina en la comarca un clima mediterráneo subhúmedo, con algunos enclaves atlánticos…”

La lluvia insiste en los cristales de la ventana, me encanta oírla, forma parte de mi pequeño monólogo. Un silencio lleno de ruido, una situación delicada… un domingo lluvioso por la tarde, para pensar en las estrellas, para agarrarse a ellas y no caer con la lluvia al asfalto frío.

Descargamaría, mi sitio predilecto para estar con ella, y muchos pueden dar fe que no han faltado momentos para escucharla e incluso aborrecerla. Teniendo la suerte de acudir al pueblo en distintas ocasiones y en distintas estaciones pudiendo admirar la naturaleza en todos sus aspectos, notas y colores; desde el mejor balcón posible, zona VIP de la terraza cacereña.

Un capítulo estandarte, diría yo, esto de la lluvia en nuestro pueblo. Quizás pase ya desapercibido para muchos, debido a que se ha convertido en pura monotonía o rutina invernal. Pero yo lo guardo como auténtico sello identificativo de la villa en su etapa gélida del año. Más valor añadiría e incluso, teniendo en cuenta las continuas variaciones climáticas que quién sabe hasta dónde van a llegar.

Desde mi ventana, alejándome apenas sin esfuerzo de los eventos consuetudinarios de la rúa, imagino ese infinito manto de espadas del tiempo, que brillantes y paralelas van silbando y emitiendo un rítmico traqueteo, como un rapsoda acompañando a golpe de vara su épico relato.
Tan pronto rápida y dinámica, convirtiendo a la calle y sus casas en orquesta de cámara; como sosegada y fina, imaginando a la tierra que absorbe con auténtica dilación el divino elixir.

Quizá no sea un lugar seco y yermo, pero la lluvia aquí me sigue pareciendo maravillosa, tanto como lo pueda ser en desierto. Me basta un paraguas y caminar bajo los compases de esa vara homérica para embelesarme con un paraíso bucólico. Cada paso dado es bocanada de idealismo, de serenidad de espíritu y este valle se gana una sonrisa, con eso le basta.

Tengo la sensación de que lo que llueve son mensajes que debo interpretar, mensajes que al llegar al suelo explotan y se mezclan unos con otros en forma de charco, son detalles que me guardo para cuando rompa a llover. Y si la lluvia cae puedo saborear los metros recorridos, sin ansiar los que podrían o no llegar. Menos mal que estas caricias no caducan.

En un día negro, una tarde gris me concede el presente de sonreír. Y si aún llueve y me regala caminar acorde con el sonido de las gotas sin ninguna mera preocupación, todo cambia; el verde se vuelve vivo y su olor hace que mi cuerpo se amortigüe a la vida.

Suelo mojarme con gotitas de cariño, escupiendo con odio al amor y enterrando al mañana. Hoy siembro el camino de risas y llantos, cojo el zurrón de los sueños y bajo por aquellas montañas en busca de la paz interior.

Con descuido y tranquilidad, esta lluvia-la lluvia de mi pueblo- hace que crezcan flores en mi ombligo, y limpio a mordiscos las nubes, atrapando el tiempo que me queda por soñar. Lo encierro en un reloj de arena para que pase poco a poco despacito y pueda volver a pasar…

Caminando entre charcos no quiero volver a casa y siento la lluvia en mi cara, viendo unos ojos allí parados, espejismos de mi nostalgia que maquina bajo mis párpados.


Alex 27-7-07
Publicado por JCardel @ 19:03
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Publicado por Visitante
martes, 25 de septiembre de 2007 | 14:32
No hay nada mas bello , que ver llover en Descargamaría tras un cristal, en una mañana fría de invierno.Precioso
Publicado por Visitante
viernes, 28 de septiembre de 2007 | 12:36
Hay espacios donde la lluvia adquiere vida propia, uno de ellos es la sierra de Gata. Agua y tierra que se transforman en parajes que sólo allí se pueden contemplar. Muy bueno.
Publicado por Visitante
viernes, 28 de septiembre de 2007 | 12:40
Hay espacios donde la lluvia adquiere vida propia, uno de ellos es la sierra de Gata. Agua y tierra que se transforman en parajes que sólo allí se pueden contemplar.
Publicado por Visitante
domingo, 28 de octubre de 2007 | 18:03
estupendo, te leo y me siento en mi pueblo.
eres poesia bravo. T