
San Julián y el pino Marro
Ya son cuatro los años que llevamos poniendo “el pino Marro” desde que decidimos trasladar la tradición al mes de agosto. Estos cuatro años han confirmado que ha sido una idea acertada por la aceptación que ha tenido entre la gente del pueblo y quienes nos han visitado durante ese día. Todos sabemos que “el pino Marro” de no haber cambiado su fecha de celebración hubiera pasado a la historia como ha ocurrido con otras cosas. De hecho, llevaba varios años sin celebrarse en las fechas en que tradicionalmente se había hecho ni en ninguna otra. Los motivos son de sobra por todos conocidos y basta resumirlos en que nuestro pueblo, al igual que otros muchos, ha sufrido la sangría de la emigración que ha mermado de forma drástica su población.
Por tanto, la solución para poder recuperar una tradición condenada al olvido pasaba simple y llanamente por celebrarla cuando en el pueblo hubiera gente. Y ese momento no llega hasta el mes de agosto, que rompe cada año con el maleficio del alejamiento de nuestra tierra y nos convoca al encuentro con nuestras familias para la celebración de las fiestas patronales. Es entonces, cuando el pueblo recupera el pulso que tuvo antaño llenando sus calles y plazas de juventud pletórica al encuentro de sus raíces y entre ellas “el pino Marro”, la tradición por excelencia de la juventud de nuestro pueblo. Juventud que como viene acreditando cada celebración viven la puesta del pino con la misma pasión con que la vivieron sus abuelos o sus padres. Porque esa es la esencia de toda tradición y sobre la que vertebra su existencia: la transmisión de los valores a lo largo del tiempo con el objeto de perpetuarlos.
Con esa finalidad se creo la Asociación Cultural el Pino Marro: recuperar, conservar y transmitir una tradición que secularmente había existido y que estaba abocada al olvido de no ser por la actuación conjunta de un pueblo que acudió raudo a rescatarla. Tradición que no sólo conlleva poner el pino sino también todos los actos conexos con dicha celebración que siempre tuvieron lugar en Descargamaría como: la alborada, la rayuela, el lanzamiento de barra y la gastronomía asociada a todos los actos festivos. Así, lo hemos intentando hacer cada año desde la Asociación y prueba que estamos en el camino acertado es que en menos de dos años de existencia desde su constitución hemos pasado de ochenta socios a los ciento veinte con que contamos a fecha de hoy. Socios/as de todas las edades y condiciones, mayores y pequeños, jovenes y adultos, de izquierdas y de derechas, católicos y agnósticos porque “el pino Marro” es de todos/as los que quieran participar en su fiesta.
Este año el pino Marro ha tenido un significado especial con la celebración de la procesión en honor a san Julián. De los rigores del invierno en que recorría las calles del pueblo a los calurosos días de agosto el fervor no ha variado un ápice y el respeto hacia lo que representa menos, tal como quedó demostrado durante la procesión en que fue portado a hombros de quienes días antes habían levantado el pino en las Erías. Ante san Julián los miembros de la Asociación bailaron la bandera como siempre se hizo y como esperamos se siga haciendo: con orgullo de ser parrilleros e hijos de Descargamaría. Por ello, san Julián y el pino Marro al igual que en el pasado deberán permanecer unidos porque unidos siempre estuvieron. Como colofón a la celebración de este año tuvo lugar una cena de hermandad, experiencia que resultó del agrado de todos/as los congregados y que esperamos repetir en años venideros.
El momento mágico llegó cuando después del baile amenizado por la charanga que religiosamente pagamos los socios/as recorrimos las calles del pueblo cantando la Alborada. Bajo el cielo tachonado de estrellas nuestras voces se alzaron como antaño lo hicieron otras que nos precedieron. Unidas a ellas a través del tiempo por las letras que exaltan sentimientos imperecederos. Por las mismas calles, bajo la misma luna y el mismo cielo con idéntica pasión nuestras gargantas fueron quebrando la quietud de la noche. Avanzando al son del tamboril fuimos desgranando las poéticas letras de la Alborada en la mágica noche veraniega. La fiesta un año más tocaba a su fin entre sentimientos de satisfacción por haber cumplido con nuestras tradiciones y la nostalgia por los momentos que acabábamos de vivir y que pasarían a formar ya parte de nuestros recuerdos.