miércoles, 31 de octubre de 2007

De vez en cuando, a través de internet, visito las páginas de los diarios extremeños: “el Hoy” y “el periódico”, así me mantengo informado de lo que lo que acontece por la tierra. Al igual que en todos los periódicos, da igual que sean de tirada nacional o regional, la disputa política ocupa la mayor parte de los titulares. Rara vez hay acuerdo y consenso en algún tema y algunos de lo manido que están, ya cansan. Pero ese parece ser nuestro sino, estar en permanente tensión electoral, gracias a unos políticos que se pasan la mayor parte del tiempo pensando en hacer recuento de votos para permanecer en el poder o llegar a él.
Por ello, después de cribar las noticias políticas y quedarme con el grano de algún artículo que no pertenece a dicha categoría, paso a su lectura detenida y digitalizada. Este fue el caso de uno que llevaba por título “los neorurales”. Este término engloba un fenómeno social nuevo, reciente, que implica el asentamiento en núcleos rurales de gente proveniente en su mayor parte de las ciudades. Se trata por regla general de personas jubiladas, aunque también en menor medida afecta a personas jóvenes. Que tuvieron que emigrar en las décadas de los sesenta y setenta en busca de trabajo a las grandes urbes industrializadas: Madrid, Barcelona o Bilbao y que en los últimos años están retornando a los pueblos de los que partieron por diversas razones.
Antes, cuando la gente terminaba su etapa laboral rara vez volvía al lugar del que había partido. Los pueblos seguían siendo deficitarios en infraestructuras, no contaban con servicios sanitarios adecuados y su habitabilidad no ofrecía la comodidad de las ciudades. Hoy día, esto está cambiando o ya ha cambiado en muchos pueblos, sigue por supuesto habiendo grandes diferencias, pero en lo básico éstas se han reducido. Haciendo más confortable y apacible su estancia al tiempo que las ciudades se vuelven cada vez más inhóspitas. Desde luego, hay gente que no tiene este enfoque de la vida y que no se ha planteado ni se planteará jamás volver y deseará terminar sus días en un piso de un bloque de edificios de una barriada periférica. Sin embargo, en los últimos años, son cada vez más los que abandonan las ciudades y retornan al terruño que les vio nacer.
Valorar las razones que empujan a tomar esta decisión implica hacer un balance que va desde lo económico, pasando por aspectos sociales, sin desdeñar un ingrediente más íntimo como el psicológico- afectivo. Economicamente la vida en las ciudades es bastante más cara que en los pueblos. Con un sueldo de jubilado en un pueblo pasas la existencia de forma bastante más holgada que en una ciudad. Los gastos son menores por regla general, no tienes que pagar ni comunidad, ni portero, ni chapuzas del edificio donde vives. Probablemente podrás tomar algún vino al mediodía y un café por la tarde sin que te sientas que te acaban de atracar. No tendrás tantos centros comerciales pero sin lugar a dudas la cesta de la compra la llenarás más y por menos dinero.
La vida en las ciudades es divertida mientras somos jóvenes y no tenemos responsabilidades, pero se va haciendo pesada y monótona a medida que nos hacemos mayores. Es una existencia anónima y circunscrita a los cuatro vecinos del portal y a los tres compañeros de trabajo. Insolidaria la mayor parte de las veces debido al celo con que protegemos nuestra vida privada. Sin apenas trato social pues nuestra existencia está regida por horarios laborales inflexibles que no nos lo permiten y limitada al hogar. Es escueta en el trato, limitada a un hola o un hasta luego por la dictadura de las prisas con que nos movemos de un lado para otro. En cambio, en los pueblos el ritmo es totalmente distinto, más pausado y la convivencia más armónica. Conoces a todo el mundo y todo el mundo te conoce, dejas de ser alguien anónimo y con cualquiera puedes pegar la hebra.
El retorno al pueblo tiene también una importante carga afectiva. No se regresa a cualquier pueblo sino al pueblo que te vio nacer. En el que pasaste tu infancia y parte de tu juventud, al que vuelves todos los años a pasar tus vacaciones. Del que siempre has guardado un recuerdo feliz y agradable.
El fenómeno “neorural” lógicamente tiene más impacto en aquellos sitios donde la emigración fue mayor, como es el caso de Extremadura. Sus efectos han empezado a notarse recientemente y quienes siguen el tema de cerca, auguran que en los próximos años ira en aumento. Simple y llanamente se resume en que la causa principal de su auge es que la vida en las ciudades cada vez será más complicada y difícil en todos los órdenes.
Podrían ser “los neorurales” una solución paliativa para muchos pueblos que han visto mermar su población por la emigración, ya que también abarca a personas que aún son activas laboralmente y están desengañadas de la vida urbana. Los pueblos han llevado a cabo grandes inversiones en los últimos años en servicios (centros de día, ambulatorios, residencias de la tercera edad, hogar del pensionista) que han facilitado la vida a las personas mayores pero no así a las más jóvenes. Sigue siendo la falta de trabajo el principal problema del mundo rural. Es este aspecto, entre otros, el que debería ocupar la agenda de los políticos y no absurdas disputas electoralistas y trasnochadas disquisiciones.
La vida ha cambiado mucho en los últimos tiempos: ya no existen grandes industrias que absorban ingentes mano de obra, la competitividad va en aumento, la vivienda parece no tener solución, internet está revolucionando la sociedad, vivimos en ciudades cada vez más interraciales, etc. La sociedad, tal como la hemos concebido hasta ahora, está sufriendo un cambio radical. Sus efectos se están empezando a notar y el primero parece ser, que la gente cuando se desvincula laboralmente de ellas, ya no se encuentra a gusto y retorna al lugar del que una vez salió en busca de mejor forma de vida. Son los “neorurales”, un término nuevo para designar a quienes nunca dejaron de ser de pueblo.
Publicado por JCardel @ 11:47
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