
A cien días de las elecciones generales afloran como hongos proyectos, inversiones y propuestas por doquier que dibujan sobre el suelo del bosque una alfombra que invita a “ingenuos enanitos” a entrar en el país de “Alicia y las mil maravillas”. De repente los políticos se dan cuenta que existen problemas, que las personas tienen necesidades económicas y que quedan muchas cosas por resolver, pero que para eso ellos están ahí, para solucionarlas a cambio de unos votos de “sus enanitos” que les permitan seguir sesteando otros cuatro años más.
Ahora en la sierra de Gata se han dado cuenta de que muchos de sus pueblos están al borde de la extinción por falta de población y trabajo y lo que es peor, el futuro que tienen por delante no es muy halagüeño. ¿Qué han hecho nuestros gestores durante este tiempo? ¿Con qué recursos han contado y cómo los han invertido? Para responder a estas preguntas no tenemos más que asomarnos a las calles de nuestros pueblos para ver sus resultados: sólo deambulan por ellas ancianos, la gente joven está extinguir o con el pensamiento en otra parte y los niños forman parte del recuerdo. Podrán argumentar en su defensa, que ha sido un mal generalizado en España en el mundo rural y que ha sucedido en muchas partes, quizá no les falte razón pero tampoco han contado éstas con los fondos europeos como en el caso de Extremadura ¿Por qué unas zonas están levantando cabeza y otras la están hundiendo cada vez más?
Desde 1990 en que se aprobó el programa LEADER y posteriormente el PRODER, en Extremadura se han invertido 303 millones de euros (más de 50.000 millones de las antiguas pesetas). Desde el primer momento en que se crearon este tipo de ayudas por parte de la UE y hasta el día de hoy, Extremadura ha sido “Objetivo 1”, mientras que otras regiones de España no han recibido esta inyección de dinero. No cabe duda que las infraestructuras y la calidad de vida han mejorado en muchos de los municipios pero esto no ha sido suficiente para que la población se estabilizara, tuviera un modo de vida e iniciasen un proceso de recuperación. Por el contrario desde 1990 hasta el día de hoy, los pueblos tienen menos población, sus trabajos son más precarios e incluso inexistentes y su futuro cada vez más negro.
Desarrollar y poner en funcionamiento los programas LEADER Y PRODER ha sido competencia en la comunidad de los Grupos de Acción Local, veinticuatro en total. Su resultado ha sido dispar según las zonas y comarcas en las que han intervenido, lo cual pone en evidencia la gestión de los mismos. Ha habido zonas en las que han conseguido fijar la población e incluso crear puestos de trabajo, tanto fijos como temporales. En otras comarcas, como en la sierra de Gata no ha sido así y a lo largo de estos años se ha traducido en pérdida de población fundamentalmente por falta de trabajo. ¿Cuáles han sido los motivos después de las millonarias inversiones efectuadas provenientes de los fondos europeos? ¿Por qué unas zonas sí se han recuperado y otras no? Un estudio reciente de la Universidad de Extremadura, pone de manifiesto como factor principal de estas diferencias, los destinos de estas ayudas a lo largo de estos años. Mientras unas zonas han destinado los fondos europeos a la creación de pequeñas y medianas empresas agropecuarias y de transformación, como ha sucedido en algunas comarcas de Badajoz o en el Jerte o la Vera en Cáceres, que han dado lugar a la creación de empleo, en otras las ayudas se han perdido en proyectos sin pies ni cabeza que han fracasado y no han creado una sola empresa digna de tal nombre.
En la sierra de Gata han mejorado las infraestructuras, tenemos depuradoras, centros de salud, centros de día y carreteras de ancho internacional que han contribuido a salir del aislamiento en que nos encontrábamos. Pero se ha descuidado y mucho otro tipo de inversiones y proyectos como los destinados a explotar nuestros recursos naturales y agrícolas. El pinar, el olivar, la vid, la ganadería caprina, la caza, la agricultura ecológica, las energías alternativas y la biomasa son potenciales económicos que salvo contadas excepciones, como algunas cooperativas aceiteras, no han sabido adaptarse a las circunstancias actuales y aprovechar los fondos europeos para su reactivación o implantación. Por el contrario, nuestro pinar se ha visto sometido a constantes incendios a lo largo de estos años, sin que se haya hecho nada para impedirlo y tras la tragedia sin recibir un euro a cambio como zonas catastróficas. La ganadería por excelencia de la zona, la cabra, que se mantenía en estos pinares y sierras y era el mejor “agente forestal” para la prevención de incendios, dejo de existir hace ya años o es en el mejor de los casos un animal exótico. La vid, que en algunos de los pueblos de la sierra de Gata fue una fuente importante de ingresos y de reputados caldos en otros tiempos, no ha pasado en los actuales de un fracaso de cooperativa vinícola que contó en sus comienzos con el apoyo desinteresado de muchos de sus socios, hoy desencantados y hastiados de su gestión. La caza, principal fuente de ingresos en Extremadura, está surgiendo gracias a la iniciativa privada de las asociaciones de cazadores de los pueblos de la comarca, sin recibir ningún tipo de ayuda a lo largo de estos años. El turismo rural que parecía la panacea a todos los problemas, sólo ha servido para que un reducido número de familias puedan subsistir de manera estacional y precaria. Otras iniciativas y puntales de desarrollo económico, como la energía eólica y de biomasa, cuyos planteamientos iniciales fueron desfavorables por parte de la Junta de Extremadura y que como de fuente ingresos y creación de puestos de trabajo supondría un importante aliciente para esta comarca, duermen el sueño de los justos en algún cajón de la administración autonómica bajo los efectos de la narcotizante ZEPA.
Como en la parábola bíblica de los talentos, en este caso de los eurotalentos de la madre Europa, mientras unos han sabido doblar su valor e invertir para asegurar un futuro a sus pueblos, otros por el contrario los han malgastado en proyectos vacuos y artificiales. Lo malo es que a la madre Europa trasunto del padre bíblico y generoso, cada año que pasa se le agarran a las ubres más hijos rubios y famélicos y llegará un momento en que no habrá leche para todos.