martes, 30 de junio de 2009

El río que durante el invierno bajaba caudaloso  y ahuyentaba con el rugido de sus aguas, se tornaba una vez amansado por los rigores del verano, receptor a las visitas. El calor contribuía aún más a acercarse y sumergirse en sus cristalinas aguas  y convertirse en lugar de juegos y encuentros. Era entonces, cuando aún no existían piscinas, ni represas que contuvieran sus aguas, cuando ir al río se convertía en una aventura. Con lo puesto bajabas hasta la Vega, te quitabas la ropa y te zambullías en el agua, después tirado en la orilla sobre la hierba te secabas placidamente al sol.

Aprender a nadar era más cuestión de confianza que de pedagogía y ésta se  conseguía después de tragar agua unas cuantas veces y convencerte que basta mover los brazos y las piernas para no hundirte. De esta manera se empezaba a crear un vínculo de complicidad entre el río y tú del que ya sería difícil escapar para el resto de tu vida. Inconscientemente te iba envolviendo en su telaraña hasta atraparte y cautivarte. Pero no sólo era un lugar para bañarse y aplacar los calores estivales entre aguadillas, también era el lugar donde vivían: peces, renacuajos, culebras, caballitos, etc., que contribuían con su presencia a crear un universo mágico.

La vegetación que lo rodeaba, alisos y chopos, proyectaban su sombra sobre las aguas oscureciéndolas y haciéndolas aún más misteriosas. Las pesqueras para los molinos y los huertos convertían de repente su apacible caudal en impetuosa cascada que rompía con estruendo sobre las negras peñas que afloraban del fondo. Los juncos crecían en las orillas, una colcha verde de plantas acuáticas cubría los remansos de agua y los cantos rodados del cauce que pavimentaban su recorrido se conjuraban para cautivar los sentidos hasta rendirlos.

Las excursiones por el río después de la preceptiva siesta fueron durante mucho tiempo el entretenimiento principal de aquellos veranos de mi infancia y parte de mi adolescencia. Bajar por el río  hasta “el Rehoyo”, “la Puñosa” o “Barriamor” achacando con las zapatillas de goma, resbalando entre las pulidas piedras que se cruzaban en su curso, cogiendo peces a mano, era la mejor manera de pasar aquellas calurosas y a veces tediosas tardes del estío. Bucear en las pozas mientras los barbos te mordisqueaban los pies y saltar desde algún tronco para zambullirte en el agua, eran motivos más que suficientes para ser feliz y que el tiempo transcurriese sin darte cuenta.

Entonces la palabra contaminación no existía en nuestro vocabulario porque ni lavadoras, ni detergentes, ni aguas residuales habían conspirado para implantarla. Toda la espuma que flotaba sobre el agua se reducía al jabón casero con que las mujeres lavaban la ropa sobre las tablas y que más tarde tendían al sol encima de los zarzales para que se secara.

Atravesar su cauce por “los pasiles” camino de “la Fontanita” requería de una destreza ausente en los iniciados en estos paseos, que solía terminar la más de las veces con las zapatillas dentro del agua. Aquel río no necesitaba de puentes de hormigón para unir sus orillas que por el rabillo del ojo se miraban para besarse cada anochecer a la luz de la luna.

Testigo mudo de amores adolescentes tan efímeros como el primer beso, ya no guardan tus orillas los chopos en los que se grabaron corazones a punta de navaja sobre tu corteza. Tus orillas de piedras pulidas por el tiempo que tus aguas arrancaron de los altos canchales de la sierra que anhelaban ser perlada arena, tus juncos cimbreantes que bailaban al rumor de tu paso perfumado con el olor a poleo y hierbabuena, yacen sepultados bajo una lápida de cemento. Pero en las noches de verano, cuando regreso a tu orilla como un náufrago arrojado por las tempestades de la ciudad, siento aún la fragancia que envuelven tus aguas llegar hasta mi acompañadas del griterío y del chapoteo de los recuerdos de aquellos veranos en que quedé atrapado por el brillo de tus aguas.


Publicado por JCardel @ 23:10
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Publicado por Visitante
jueves, 06 de agosto de 2009 | 11:48
El periódico digital Extremaduramente.com ha editado un artículo con panorámicas de 360º en realidad virtual sobre la fiesta del Pino Marro
http://www.extremaduramente.com/2009/08/el-pino-marro-2009-en-descargamaria-sierra-de-gata/