miércoles, 07 de octubre de 2009

 

En las horas muertas, en los minutos que voy incinerando o mejor dicho, en esos vacíos insoportables de mis entrañas, hago una visita oportuna a un amigo. Las tardes son rutinarias, poco abstractas; las noches lo agravan todo.

Rubén me abre la puerta y sonriente me invita a pasar. Él es de un pequeño pueblo a orillas del embalse de Valdecañas, Bohonal de Ibor. Su enjuto cuerpo es el de un lobo estepario, libre de ataduras y que reniega del planeta. A veces cambiaría las farolas por candiles para que aquellos que hablan de arreglar el mundo puedan ver más allá de las estrellas.

Pase lo que pase siempre acabamos echando una mirada a lo que nos une, nuestra tierra, y es a partir de entonces cuando se disparan las alarmas y la conversación se impregna de perpetuidad; con las caras nostálgicas y a la vez sorprendidas de nuevos saberes hasta entonces escondidos pero que uno u otro sacamos del rincón y ofrecemos orgullosos.

Rubén reclama que repita aquella palabra y la apunta en un papel sobre la mesilla, a la tenue luz de una lámpara cubierta por un gorro rojo que tan sólo usa una vez al año, por san Fermín; allí permanece abrigando la tulipa día tras día, sin que nadie se de cuenta, silencioso como su dueño y preguntándose cómo guiarse en un mundo en el que todo cambia, en el que los valores se degradan con cada nuevo logro social.

-…Aquella señora me dijo que p’ahí estaba montao el instalache…¡ jajaja!

    -¿Eso dónde fue, en tu pueblo?

    -¡Qué va! En el pueblo del “madriles”, en Losar de la Vera.

Ignoramos que es lo malo si añorar o echar de menos, pero allí de nuevo estamos recordando nuestras memorias más pueriles. Especialmente durante estas fechas otoñales, presumiblemente las que más aprecio. Rubén me confiesa que era entonces, en la antesala del invierno, cuando surgían las más tristes composiciones de su acordeón bohemio. Y allí, en el Madrid castizo, un eremita melodramático pisaba las hojas de plataneros mientras soñaba alejarse de los ruidos y las moles de cemento. Pero la vida se consumía igual de rápido que aquella colilla en el alcorque, entre cacas de perro.

Nos encanta la lluvia de estas fechas, la naturaleza es agua. El asociable e imprescindible olor a tierra mojada y chimenea. Yo le cuento como me purifico rodeándome de montañas, sintiéndome pequeño contemplando el cielo, dejando de ser humano. Él me hace recordar las matanzas, los madrugones por ver morir al cochino, la capa de holliza ardiendo, la sangre meneándose en el cazo, las tripas al río, los poderosos cuchillos, el baile de artesas, la cadena humana embuchando sin descanso y la recompensa de la primera tajada de lomo asada a la brasa.

La vendimia ofrece otro encanto particular al otoño. Pistoletazo de salida con las primeras tijeras que van liberando racimos morados y amarillentos, llenando cajas, llenando prensas y llenando vasos de un mosto que sabe a sierra, a bosques y a majadas. Y allí en la bodega, ese lugar de casa pero con otra esencia, descansará en paz y resucitará al tercer día, porque según las escrituras…amigo mío Rubén, este vino pinta la vida de otro color, que ya lo dijo Cervantes.

     -¿Sabes? A las castañas asadas en mi pueblo se les llama calboche.

     - ¿De verdad? Nunca lo había oído.

      -Sí. Es muy propio en el día de todos los Santos hacer la calbochá. Algunos las  echan en la leche y a eso se le llama “socochoneh”. ( Rubén apunta decidido en su papel).

Bohonal de Ibor es pequeño, cercano a Navalmoral de la Mata y conserva en su territorio un pórtico romano al que llaman “los Mármoles”. Poco más puedo atreverme a decir de él pues mi visita todavía no ha llegado a fraguarse, pero mi compañero cuenta cada día algo de interés, ya sea cotidiano o bien algún sueño.

Se está construyendo una casa que en el futuro le dará lucidez alejado del tumulto. Seguro que sentado en el porche olvidará lo jodida que es la nostalgia y lo agónico que es ver pasar el tiempo.

     - En verano, por las noches, me siento a la puerta de mi casa y me lavo los pies en un barreño. Luego voy salpicando el agua, refrescando el suelo de la calle…

 Y cuando sales por la tarde, después de comer, en busca de níscalos. Ha encontrado el sol un hueco por donde salir, aspiras con fuerza ese aire tan naturalmente puro y te da vergüenza pensar en aquel humo que respiraste la otra tarde. Libre y suave entre pinos y castaños, o atravesando un olivar infinito con las tierras removidas. No me importa embarrarme hasta las rodillas ni perder la compostura. Tampoco importa si encuentro algo. La salida del sol tras el aguacero francamente me gusta. El momento me ha dado entre los sueños formas de dar los pasos.

El Citroën 2CV, una razón más para que Rubén añore los Ibores. Tiene uno de estos guardado en la cochera de su casa. Anteriormente ya tuvo algún otro pero este es el presente y lo mima más que a una persona. Cuando llega al garaje lo destapa, enciende un Ducados y permanece erguido como árbol delante del auto, esperando que le cuente todo, aquellas cosas que se ha perdido en su ausencia. Lo recorre, se sienta en él, lo arranca y le pasa un trapo limpio acariciándole la chapa de color Charleston. Por San Bartolomé, el patrón, suele regalarle unos pocos litros de combustible y le da una vuelta por el pueblo, convirtiéndose en un momento que guarda para él.

Y así se nos pasan muchas horas. De fondo puede estar sonando “El arroyo los cagaos”, un grupo de folk de la Vera, con sus particulares letras. Y me puedo perder por callejas de arcilla o achancar en el trino de un arroyo. A veces como zarcillo me agarro al árbol de ilusiones en la mirada y si me llega a alcanzar, echo agua a las acequias con las manos.     

Tus lindes, tus caminos, tus veredas...

                                                                                           Alex                 6-10-09

 

 


Publicado por JCardel @ 15:09
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Comentarios
Publicado por Visitante
sábado, 10 de octubre de 2009 | 20:23
Cojonudo Alex,está pulio como dicen en el pueblu.
Publicado por Visitante
sábado, 10 de octubre de 2009 | 20:24
Cojonudo Alex,está pulio como dicen en el pueblu.
Publicado por Visitante
sábado, 17 de octubre de 2009 | 19:16
Me ha gustado el artículo, te deberías de prodigar algo más, un artículo por año es poca cosa. Ánimo y manda otro.Sonrisa