En las horas muertas, en los minutos que voy incinerando o mejor dicho, en esos vacíos insoportables de mis entrañas, hago una visita oportuna a un amigo. Las tardes son rutinarias, poco abstractas; las noches lo agravan todo.
Rubén me abre la puerta y sonriente me invita a pasar. Él es de un pequeño pueblo a orillas del embalse de Valdecañas, Bohonal de Ibor. Su enjuto c [...]