miércoles, 10 de febrero de 2010
SI hablamos de vecinos, en los primeros que pensamos es en quienes viven en nuestra misma casa, en el mismo edificio. Pero el término vecino no se agota en el reducido espacio de un bloque de viviendas. Vecinos son quienes habitan en los edificios próximos o en el mismo barrio y quienes viven en el mismo pueblo. Y aún hay una acepción más amplia, que nuestra RAE aplica a quienes son cercanos, próximos o inmediatos en cualquiera línea. A esta vecindad y a estos vecinos es a los que quiero referirme: a quienes viven en el pueblo de al lado, a quienes son de provincias limítrofes y, de treinta años acá, a los de las comunidades autónomas inmediatas.
Aquí se producen dos hechos bastante comunes. El primero es que la vecindad suele circunscribirse de hecho a aquellos -pueblo, provincia o región- con los que existe una mayor relación por razones de proximidad y porque son mayores y más frecuentes los intercambios comerciales y de servicios. Todo el mundo sabe que los pueblos del norte de Cáceres han tenido gran contacto con Salamanca, que los del sur de Badajoz lo han tenido y lo mantienen con Sevilla y Córdoba y que Talavera de la Reina ha sido y sigue siendo ciudad de servicios para los pueblos de las comarcas extremeñas de La Siberia, Las Villuercas o La Jara. El segundo hecho constatado es que esta vecindad con los próximos o los rayanos nunca ha estado exenta de roces, piques y hasta envidias pueblerinas. Es curioso: cualquiera tiene uno o varios amigos en el pueblo de al lado; pero cuando del plano personal se pasa al colectivo, no falta el retintín, el criticar si son así o asá ni el ponerles motes despectivos. En cuanto a relaciones entre provincias próximas, no hay que ir a buscar fuera de casa: el «Extremadura dos, Cáceres y Badajoz» es paradigmático y la historia de los desacuerdos es tan larga como enconada.

Muchas cosas han cambiado y creo que para bien. Pero las hay que resultan chocantes. Me van a permitir que me centre en un tema concreto de una zona concreta: las comunicaciones del norte de Cáceres con la provincia de Salamanca. El contacto de estas zonas -digamos del Tajo arriba, y más concretamente del Ambroz, Hurdes y Sierra de Gata- con Salamanca y Ciudad Rodrigo ha sido históricamente muy intenso. Pueblos hubo de Sierra de Gata que incluso pertenecieron administrativamente a la circunscripción de Ciudad Rodrigo hasta 1835 y a la diócesis hasta 1958. Los vínculos no se han roto y Salamanca o Ciudad Rodrigo siguen estando ahí al lado.
Arrumbada ¿definitivamente? la línea férrea Plasencia-Astorga, las comunicaciones quedan hoy reducidas a la carretera. El tráfico se canaliza básicamente por dos vías: al este, por la antes N-630 y ahora felizmente autovía A-66, conocidas una y otra como Vía de la Plata; al oeste, por la antes N-526, Puente de Guadancil-Ciudad Rodrigo, que ahora ha pasado a ser la Ex-109 y la CL-526: el puente de Guadancil sobre el Tajo ya sólo es un recuerdo y la carretera actual parte de la Autovía de la Plata en el Puerto de los Castaños para, por Coria y Moraleja, ascender por el Puerto de Perales hasta coronar la sierra y adentrarse en tierras salmantinas. Para Ciudad Rodrigo siempre ha sido la carretera más importante que llegaba a la ciudad, tras la de Salamanca a Portugal por Fuentes de Oñoro.

Esta última se ha convertido recientemente en autovía, la A-62, conocida como Autovía de Castilla. La intersección con la procedente de Extremadura se produce en las inmediaciones de Ciudad Rodrigo por el sur, lugar a partir del cual la autovía describe un arco y rodea la ciudad por el este, para seguir hacia Salamanca. Parecería lógico que existiera en este punto un enlace con la autovía. Pues no: cuantos procedentes de Extremadura viajen por esta carretera a Salamanca o a cualquier destino del cuadrante noroccidental de España -Castilla-León, Galicia, Asturias, Cantabria o País Vasco- deberán continuar por la carretera de toda la vida, atravesar la ciudad y seguir por la antigua carretera hasta tomar el enlace norte con la autovía. Una pérdida de tiempo de media hora. ¿Olvidaron los redactores del proyecto a los viajeros extremeños? ¿O les «invitaron» así a entrar en la ciudad y descansar mientras toman un café? ¿Se han enterado las autoridades extremeñas de esta desconsideración y han hecho algo por corregirla, cuando la solución es facilísima? Aunque bien puede ser que en esta España de reinos de taifas cada uno mire sólo su cortijo y al vecino que le vayan dando. Como si la Castilla forjadora antes de la «España una» buscara ahora la «España invertebrada».

He mencionado las dos principales vías de enlace por carretera entre Extremadura y Castilla-León. Pero no son las únicas. Existe también la Ext-204 que desde Coria sube por Hurdes para, subiendo el Puerto de Batuecas, continuar por La Alberca. Al oeste, ya junto a la frontera portuguesa, sube una desde San Martín de Trevejo, y otra desde Valverde del Fresno: ambas están en buen estado, tras haber sido reparadas a fondo recientemente por la Diputación de Cáceres.
Todavía, en el centro de este territorio, hay otra carretera local que partiendo de la EX-20 (transversal de Valverde a Hervás) asciende por el valle del Árrago hasta Cadalso, Descargamaría y Robledillo de Gata. Quince kilómetros en cuya reparación se ha tardado casi una docena de años, pero que ha dejado a estos pueblos bien comunicados hacia el sur. Sin embargo. ¿qué pasa con la comunicación hacia el norte? Pures que otra vez aparece la política de mala vecindad. La carretera continúa por Robledillo a través del llamado Puerto Viejo, seguramente en referencia al puerto romano que seguía la misma ruta y parte del cual todavía está en uso. Pero a partir de la primera entrada al pueblo, esta carretera, construida en los años veinte del siglo pasado, estrecha, mal pavimentada, con curvas peligrosas y precipicios que dan miedo, ahuyenta a los no avezados, aunque el paisaje sea bellísimo.

Tres cuartos de lo mismo ocurre con el puerto que asciende hacia la provincia de Salamanca desde Descargamaría. Es cierto que su construcción es posterior y está mejor trazado, pero adolece de los mismos problemas de estrechez y pésimo estado del pavimento. Tanto uno como otro han estado cerrados varios días en este invierno extremoso. Las cosas han llegado al punto de que se están recogiendo firmas para exigir a la Diputación de Cáceres que arregle al menos uno de los dos puertos. Digamos de paso que ambas carreteras acaban confluyendo en la CL-526, la del Puerto de Perales, un centenar de metros antes de cruzar la Autovía de Castilla, sin conexión con ella, claro.

Ya sé que el caso que planteo es una nimiedad, y más para los tiempos de presupuestos menguados que vivimos. Pero abonan la sospecha de si no estaremos unos y otros propiciando la incomunicación con los vecinos, precisamente hora, cuando han desaparecido las fronteras en Europa.
P.D. Cuando este comentario llevaba escrito ya varios días, veo en HOY que los presidentes de Extremadura y Andalucía firmarán este año un acuerdo de cooperación y coordinación en materias como sanidad, educación, agricultura e infraestructura. Les felicito. Y si Fernández Vara mira también al norte, le volveré a felicitar.
-  Teresiano Rodríguez Nuñez. Diario HOY

Publicado por JCardel @ 18:53
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