miércoles, 26 de enero de 2011

 Para saborear la vida hay que tener alguna pasión, si no ésta sería un poco descafeinada y anodina. Pasiones las hay de todos los colores y gustos, desde las deportivas a las gastronómicas pasando por las taurinas, cinematográficas, literarias, etc.  Una larga retahíla de ellas en las que cualquier ser humano terminaría, más tarde o más temprano, siendo encasillado. Hay pasiones, al menos así lo considero yo, muy particulares, que arrastran una carga sentimental, que vienen de lejos, de la infancia o vete tú a saber. Son éstas, en personas con sensibilidad, proclives a aflorar con el paso del tiempo, manifestándose y exteriorizándose, haciendo que los demás podamos también compartirlas. Sin pretender caer en ningún análisis psicológico, cuyos conocimientos ignoro, simplemente quiero manifestar, o al menos intentarlo, que existe una predisposición a no ignorar de dónde somos y venimos y por qué algunas cosas nos apasionan más que otras. Pero la pasión también requiere esfuerzo, dedicación para que no se extinga, y ahí no todos respondemos igual.

Esa pasión de profundas raíces, que viene del pasado y se manifiesta en el presente, que siempre anido en nuestro interior porque fue lo primero que vimos al abrir los ojos y seguimos viendo durante mucho tiempo, es la que algunas personas mantienen encendida durante su vida con esfuerzo y tesón.

 Es el caso de Julio Rodríguez-Calvarro Hernández, natural de Robledillo de Gata, médico de profesión y, como a él le gusta llamarse, “Hijo del Aceite”. Porque no hay mejor calificativo para alguien que, como nos cuenta en su libro del mismo título: “nací a escasos diez metros de la rueda de moler… de aquel  run-run que te hacía literalmente vibrar”. La pasión de Julio es el aceite, ese líquido dorado y espeso, que en nuestros pueblos de la sierra de Gata mantuvo a tantas familias a lo largo de los siglos. Esa pasión le llevó, en abril de 2004, a abrir el Museo del Aceite “Molino del Medio”, luchando contra todo tipo de adversidades hasta ver realizado su sueño. La labor de rehabilitación que tuvo que llevar a cabo fue ingente y, la recuperación de la maquinaria y de todos los enseres que formaban parte del trabajo diario en el molino, digna de encomio. Así consiguió que aquel molino de aceite, abocado a la ruina y a la desaparición, se mantuviese vivo y que hoy día forme parte de nuestro acerbo cultural tal como era antiguamente.

 Su  fervorosa actividad en favor el aceite y, en concreto del aceite de la sierra de Gata como producto de denominación de origen, le llevó también a organizar un congreso sobre el aceite en Robledillo de Gata en el 2010, reuniendo en un municipio de apenas doscientos habitantes a expertos en la materia de reconocido prestigio.

El reconocimiento a esta pasión por el aceite y a esta labor, ya ha tenido eco en diversos medios como periódicos de tirada nacional y regional: El Mundo Magazine, ABC, el diario Hoy, el Periódico de Extremadura, el Norte de Castilla; así como en medios audiovisuales nacionales y autonómicos, el más reciente en el programa de TVE “Mover Montañas”. Falta el reconocimiento de los de siempre, el institucional, tanto autonómico como comarcal, que no han sabido apreciar y valorar esta iniciativa privada guiada por la pasión y el esfuerzo, y que ha contribuido a potenciar el turismo en Robledillo de Gata y su comarca, esperemos que algún día  llegue.

Cuando vayas a Robledillo y visites “el Molino del Medio”, allí encontraras a Julio. Con voz reposada, con los mismos ojos que de pequeño vio a su padre tantas veces trajinar en la molienda,  te contara la historia del molino, cómo funcionaba la maquinaria, cómo el agua movía la rueda, cómo se accionaba la muela donde se molían las aceitunas, dónde se prensaba y se decantaba… Te dará un trozo de pan untado en aceite para que lo saborees, para que aprecies el resultado final de un fruto y un esfuerzo por transformarlo. Por un momento, Julio conseguirá que oigas como entra el agua del río en el molino y mueve las vetustas muelas, como el olor a aceite se expande entre sus centenarias paredes. Por un instante sentirás como esa pasión que él siente por el aceite, también se desata en tu interior porque alguien ha sido capaz de transmitírtela y compartirla contigo.

 

 

 

 

                                                                   Juan Carlos García Delgado

 

 

 

                

 


Publicado por JCardel @ 16:33
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